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Análisis del discurso defensivo del Presidente Mulino ante la Asamblea

Ene 2, 2026
Análisis del discurso del Presidente Mulino ante la Asamblea Nacional 2 de enero de 2026 - Tu Política
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Tabla de contenidos

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  • El cálculo de la supervivencia
  • El tono de la autoridad asediada
  • Motivaciones políticas
  • Estrategia Comunicacional
  • Omisiones estratégicas:
  • Falacias, Manipulaciones y Framing Estratégico
  • Implicaciones Políticas e Institucionales
  • La brecha entre narrativa y realidad
  • Recomendaciones profesionales
  • Conclusión

El cálculo de la supervivencia

José Raúl Mulino se presentó ante la Asamblea Nacional el 2 de enero de 2026 no como vencedor, sino como resistente. En 83 minutos de discurso, el presidente construyó un andamiaje retórico destinado a transformar una realidad política deteriorada en una narrativa de reforma necesaria y liderazgo inflexible. Sin embargo, cada afirmación sobre logros económicos convive con un silencio elocuente: hace apenas seis meses, el 73.9% de los panameños desaprobaba su gestión, y su confianza ciudadana se había desplomado al 7.8%. Lo que Mulino intentó proyectar fue una estrategia de gobernanza desde la fortaleza, cuando la realidad subyacente es de un gobierno acorralado que busca recuperar legitimidad mediante la reinterpretación selectiva de su propia administración. Este análisis decodifica los mecanismos retóricos, las omisiones estratégicas y los cálculos políticos que sustentan un mensaje presidencial que aspira a cerrar un ciclo de descontento antes de que se abra un vacío institucional.

El tono de la autoridad asediada

El discurso de Mulino operó en una contradicción fundamental: proclamar autoridad desde la posición del asediado. Su apertura, «poner orden donde había caos, reglas donde había privilegios», fue una reiteración de una fórmula que ya había desgastado su credibilidad en 2025. Pero esta vez, agregó un elemento inédito: la vulnerabilidad emocional. Cuando menciona a su esposa, Mulino lloró en el hemiciclo legislativo. Este gesto no fue aleatorio. Operó como estrategia de humanización destinada a reconfigurar la percepción de dureza del presidente, que durante meses había sido criticado por su tono confrontacional hacia actores políticos, judiciales y ciudadanos.

El presidente alteró constantemente entre dos registros: el de magistrado que impone orden («no venimos a administrar el desorden») y el del político vulnerable que reconoce el peso del cargo. Cuando declaró «estoy hecho de madera dura, de madera chiricana», buscaba inocular su narrativa de resistencia contra críticas futuras. Era una anticipación defensiva: aquellos que lo cuestionen serán retratados como enemigos de la fortaleza, no como legítimos críticos.

Este tono reflejaba el contexto político real: un presidente que ha experimentado una caída de aprobación de 25 puntos en apenas tres meses (de 76% en noviembre de 2024 a 51% en febrero de 2025), quien enfrentó rechazo sindical masivo por la reforma de la Caja de Seguro Social, y cuya gestión fue desaprobada por casi tres cuartas partes del país. La apariencia de fortaleza era una construcción narrativa destinada a ocultar fragilidad institucional.

Motivaciones políticas

La verdadera estrategia detrás del discurso no fue simplemente reportar logros, sino redefinir el marco de evaluación de la gestión. Mulino se enfocó obsesivamente en la «pesada herencia» recibida: deuda pública, deficit fiscal, ineficiencia estatal, inseguridad. Al hacer esto, intentó establecer un acuerdo implícito con la audiencia: acepten las decisiones impopulares porque el punto de partida fue catastrófico.

La reforma de la Caja de Seguro Social fue el epicentro de esta estrategia. Con solo 48 de 71 diputados votando a favor (67.6% del quórum, no una mayoría abrumadora), la Ley 462 generó convulsión social, protestas sindicales y significativa resistencia ciudadana. Sin embargo, en su discurso, Mulino la presentó como una victoria compartida y «ampliamente consensuada», cuando los hechos indican lo contrario. La reforma aumentó las cuotas patronales, obligó la afiliación de trabajadores independientes con una cuota del 9.36% sobre ingresos, y reemplazó el sistema de beneficio definido por cuentas individuales de capitalización, cambios que erosionaron la seguridad social tradicional que los panameños conocían.

¿Qué intenta legitimar realmente Mulino? No simplemente el ajuste fiscal (que es defensable), sino la reorganización regresiva de la distribución de riesgos entre trabajadores, empleadores y el Estado. Al framing de «salvar la CSS» subyace una premisa: los trabajadores panameños deben asumir mayor riesgo individual en sus pensiones porque el Estado no puede sostenerlas colectivamente. Esta es una decisión política legítima, pero de profundas implicaciones redistributivas, que Mulino omitió debatir explícitamente.

Además, la justificación de la herencia es parcialmente problemática. Si bien es cierto que la deuda pública creció en gobiernos anteriores, Mulino ha presupuestado y gastado recursos importantes durante su período. El presupuesto aprobado para 2026 es de $34,901 millones, el más alto de la historia de Panamá. Atribuir toda responsabilidad al pasado, mientras se ejecutan presupuestos expansivos en presente, es una estrategia que confunde rendición de cuentas con narrativa.

Estrategia Comunicacional

El discurso de Mulino operó con una dicotomía clara: enemigos internos (críticos políticos, judicatura permisiva, asamblea indolente) y enemigos externos (Trump amenazando la soberanía del Canal). Esta estructura permitió que el presidente se posicionara como el único garante de la integridad nacional.

La crítica al Sistema Judicial:

Mulino dedicó un segmento sustancial a criticar decisiones judiciales que liberan a narcotraficantes y sicarios. Afirmó: «las fuerzas desmoralizadas no solo por un poder ejecutivo sin compromiso real, sino también por un Órgano Judicial que permite que narcotraficantes, sicarios, líderes de pandillas… estén en libertad producto de decisiones cuestionables». Esta crítica es parcialmente verificable: según el Índice Global de Crimen Organizado (2025), Panamá registra 6.93 puntos de 10 en criminalidad, con tráfico de drogas y crimen organizado persistentes. Sin embargo, Mulino no mencionó que sus propias operaciones de seguridad en 2025 realizaron 71,407 detenciones, incautaron 38,438 paquetes de cocaína, y que el homicidio se redujo nominalmente, aunque sigue siendo elevado.

El mensaje implícito fue: «Yo hago mi trabajo (seguridad), pero los jueces lo sabotean». Esta construcción del enemigo interno (jueces laxos) es retórica clásica de concentración de poder: justifica por qué el ejecutivo debe asumir mayor discreción, porque otros poderes no merecen confianza.

La defensa de la soberanía del Canal

Mulino contraatacó las amenazas de Trump con declaraciones firmes: «El Canal es y seguirá siendo panameño«. Este fue un momento de solidaridad nacional auténtica, porque Trump efectivamente amenazó con recuperar la vía interoceánica durante su discurso de investidura el 20 de enero de 2025. Mulino se posicionó como guardián de la integridad territorial nacional.

Sin embargo, aquí emerge un problema: mientras Mulino desafiaba a Trump verbalmente, las dinámicas reales eran más complejas. Trump amenaza el Canal porque percibe presencia china excesiva. Mulino anunció que se retiraría de la iniciativa de la Ruta de la Seda china y auditoría las empresas chinas que operan el terminal. En otras palabras, bajo presión estadounidense, Panamá comenzó a realinear su postura geopolítica. Mulino retrató esto como defensa de la soberanía, cuando fue parcialmente una negociación forzada.

Omisiones estratégicas:

La crisis de aprobación:

A pesar de meses de gobiernos con tasas de desaprobación superiores al 73%, Mulino no mencionó directamente el descontento ciudadano. Tampoco propuso diálogo con actores que lo cuestionan. En cambio, descalificó a los críticos como productores de «bochinche político», una frase que trivializa la crítica legítima. Esto es particularmente significativo porque en septiembre de 2025, apenas cuatro meses antes del discurso, Mulino logró una leve recuperación en aprobación (17.7%), lo que sugiere que su gestión comenzaba a ser percibida diferente por algunos sectores. Sin embargo, 82.3% seguía desaprobando. Mulino no reconoció este abismo, ni propuso medidas concretas para cerrar la brecha de legitimidad.

El rol de Trump en el cierre del Darién:

Mulino se atribuyó el logro de reducir la migración por el Darién en 99%, de 302,203 cruces (2024) a 3,091 (2025). Esto es verificable, pero el crédito es compartido de manera compleja. Las políticas de Trump (cierre de la aplicación CBP One para solicitudes de asilo, deportaciones masivas, y financiamiento de vuelos de repatriación) fueron más determinantes que las acciones panameñas. Mulino cerró trochas y aceptó recibir migrantes deportados, pero fue la disuasión de Trump la que redujo los flujos.

Este es un ejemplo de apropiación de logro. Mulino presenta como éxito administrativo lo que fue principalmente resultado de factores externos. Esto importa porque socava la narrativa de un presidente que «toma decisiones difíciles»: en realidad, ejecutó decisiones que otros tomaron.

La realidad de la deuda y el presupuesto:

Mulino celebró la reducción del déficit de 7.35% (2024) a 4% (2025), y anticipó 3.5% para 2026. Esto es técnicamente correcto. Sin embargo, omitió que la deuda pública absoluta continuó creciendo: de $53,736 millones (2024) a $59,368 millones (2025), un aumento de $5,632 millones en un año. También omitió que el presupuesto 2026 es el más alto de la historia panameña ($34,901 millones), lo que sugiere que el ajuste fiscal es limitado. Panamá está en una carrera contra el reloj: necesita crecer lo suficientemente rápido para estabilizar la deuda como porcentaje del PIB, porque en términos absolutos no está bajando, apenas creciendo menos rápidamente.

La agencia de calificación Fitch mantiene a Panamá en BB sin grado de inversión, con la deuda bruta proyectada en 67.2% del PIB para 2025 (arriba del 62.5% en 2024). Mulino no mencionó que su margen para error es pequeño: si el crecimiento se desacelera o los gastos se expanden, el país puede enfrentar una crisis de sostenibilidad.

Falacias, Manipulaciones y Framing Estratégico

Falacia de Falsa Dicotomía:

Mulino presentó un dilema artificial: acepten mis reformas traumáticas o el país colapsará. No exploró opciones intermedias, como reformas de seguro social más graduales, aumento de ingresos tributarios sin aumentar cuotas patronales, o diálogo extensivo con los actores afectados. La frase «no hay sociedad que avance atrapada en la confrontación constante» es irónica viniendo de quien ha mantenido un tono confrontacional durante dieciocho meses.

Apelación Emocional sin Sustancia:

Cuando lloró al mencionar a su esposa, Mulino ejecutó una apelación emocional potente. Sin embargo, esta emoción no se tradujo en propuestas concretas para reconectar con ciudadanos descontentos. Fue teatro presidencial, no política pública. La empatía mostrada no se reflejó en acciones que reconocieran el dolor de trabajadores afectados por la reforma de seguro social.

Reframing de la Seguridad:

Mulino acusó al sistema judicial de permitir que narcotraficantes permanezcan en libertad. Es verificable que hay debilidades judiciales y decisiones cuestionables. Sin embargo, omitió que Panamá sigue siendo el tercer país centroamericano con mayor criminalidad, que el tráfico de drogas persiste, y que sus propias operaciones militares y policiales solo pueden detener a los actores criminales. La sentencia judicial es responsabilidad del Poder Judicial, no del Ejecutivo. Al culpar a los jueces, Mulino evitó la pregunta más incómoda: ¿por qué el crimen organizado prospera en Panamá a pesar de dos años de gestión presidencial centrada en seguridad?

Implicaciones Políticas e Institucionales

El discurso de Mulino refleja un dilema fundamental: ha tomado decisiones estructurales correctas (ajuste fiscal, reforma de seguro social insostenible, lucha contra corrupción), pero ha perdido la legitimidad para defenderlas. Esto lo obliga a un tono defensivo permanente.

Riesgo de polarización creciente:

Un gobierno que constantemente culpa a otros poderes (judicial), a críticos (como «bochinche»), y a administraciones pasadas, en lugar de construir coaliciones incluyentes, tiende a profundizar polarización. Mulino no ofreció puentes hacia sectores críticos, sino reforzamiento de límites.

Fragilidad de la legitimidad basada en resultados:

Si la aprobación de Mulino depende enteramente de indicadores económicos (crecimiento, control de inflación, déficit), está vulnerable. El crecimiento proyectado de 4% es vulnerable a shocks externos (Trump impone aranceles, cierre del Canal, recesión global). Si el crecimiento desacelera en 2026, la recuperación de popularidad que comenzó en septiembre de 2025 podría revertirse.

Fragilidad institucional:

El énfasis en la «madera dura» y la resistencia presidencial frente a críticas puede erosionar las instituciones de rendición de cuentas. Un presidente que no acepta cuestionamientos puede iniciar un ciclo en el que las instituciones débiles se debilitan aún más.

La brecha entre narrativa y realidad

En economía:

Mulino afirmó que «Panamá no solo está creciendo, se está saneando». Parcialmente correcto: el déficit se redujo, la inflación está controlada, y hay expansión del presupuesto de inversión. Pero la deuda absoluta crece, la calificación crediticia sigue siendo BB sin grado de inversión, y el servicio de la deuda consume recursos que podrían ir a inversión productiva. La «saneamiento» es más lento de lo necesario.

En seguridad:

Mulino proyectó control creciente de la inseguridad mediante operaciones policiales y solicitudes de mayor discreción judicial. Pero los datos muestran que Panamá sigue siendo un corredor del narcotráfico, con 6.93 puntos de criminalidad en el índice global. Las operaciones son respuesta táctica, no solución estratégica.

En política exterior:

Mulino defendió la soberanía del Canal con firmeza. Pero la realidad es que está realineándose geopolíticamente bajo presión de Trump. El resultado puede ser positivo (menos presencia china en la región), pero no fue un ejercicio de soberanía pura, sino de adaptación forzada.

Recomendaciones profesionales

Si Mulino buscara recuperar legitimidad de manera más efectiva, debería:

1. Reconocimiento genuino del costo social: «Las reformas que hemos implementado son necesarias, pero reconozco que han causado sacrificio a trabajadores panameños. Este es el precio de la sostenibilidad a largo plazo.» Esto crearía espacio para empatía sin sacrificar la política.

2. Diálogo incluyente, no confrontación: En lugar de descalificar crítica como «bochinche», establecer mesas de diálogo con sindicatos, sociedad civil y oposición. Escuchar y responder a preocupaciones específicas con propuestas, no con reafirmación de autoridad.

3. Transparencia en los números: Ser abierto sobre la vulnerabilidad fiscal: «La deuda sigue creciendo en términos absolutos. Por eso nuestro crecimiento de 4% es insuficiente; necesitamos 5-6% sostenido para estabilizarla». Esto crearía credibilidad al reconocer límites reales.

4. Separación clara de responsabilidades: «El cierre del Darién fue posible por políticas de Estados Unidos. Panamá contribuyó aplicando controles fronterizos. Así funcionan los asuntos internacionales: responsabilidad compartida.» Esto es más honesto que apropiarse de logros externos.

5. Visión de futuro, no defensa del pasado: Mover el discurso de «hemos limpiado el desorden heredado» a «aquí está la Panamá que construiremos si mantenemos disciplina fiscal». Proyectar esperanza, no solo justificación.

6. Consistencia retórica: Evitar contradicciones internas. No se puede llamar a «debate de altura» mientras se descalifica a críticos como productores de «bochinche». Esto erosiona credibilidad.

Conclusión

El discurso de José Raúl Mulino el 2 de enero de 2026 fue un acto de equilibrio político: defensa de reformas necesarias mediante reinterpretación de realidades incómodas, proyección de autoridad desde una posición de fragilidad institucional, y apropiación de logros parcialmente causados por factores externos.

¿Fue efectivo? Parcialmente. Mulino logró refrescar su narrativa y establecer un marco en el que sus decisiones aparecen como responsables, si no populares. La recuperación leve de aprobación en septiembre de 2025 (17.7%) sugiere que parte del mensaje ha penetrado. Pero la realidad subyacente permanece: 82% de los panameños desaprobaban su gestión cuando habló, y la mayoría consideraba que el país iba en dirección equivocada.

La pregunta más profunda es institucional: ¿puede un presidente gobernar efectivamente cuando ha perdido legitimidad incluso al ejecutar políticas técnicamente correctas? Mulino ha elegido la ruta de la resistencia defensiva, de la autoridad que se reafirma a sí misma. Esta estrategia puede mantener estabilidad en el corto plazo, pero es frágil. Si los resultados económicos no materializan (crecimiento se desacelera, desempleo crece, inflación resurge), o si eventos externos dañan la estabilidad (conflicto con Trump sobre el Canal, recesión global), la legitimidad que Mulino intenta recuperar puede evaporarse rápidamente.

El verdadero desafío del presidente no es convencer a la Asamblea Nacional de su visión. Es reconstruir un pacto social con los panameños comunes. Hasta ahora, su estrategia ha sido reforzar límites, no construir puentes. En política democrática, esto es una apuesta peligrosa.

Tags: Jose Raul Mulino
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